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  • Hasta este momento he tenido el placer de confiar el gobierno de mis asuntos al difunto Cardenal. Ha llegado el momento de que los gobierne yo mismo. Vosotros [secretarios y ministros de Estado] me ayudaréis con vuestros consejos cuando os los pida. Os ruego y ordeno que no selléis ninguna orden si no es por orden mía... Os ordeno que no firméis nada, ni siquiera un pasaporte. . . sin mi orden; que me rindáis cuentas personalmente cada día y que no favorezcáis a nadie.