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  • La creación de nuevas personas, mediante el nacimiento de bebés, forma parte de la vida humana hasta tal punto que rara vez se piensa que requiera una justificación. De hecho, la mayoría de la gente ni siquiera se plantea si debe o no tener un hijo. Simplemente lo hacen. En otras palabras, la procreación suele ser la consecuencia de las relaciones sexuales más que el resultado de una decisión de engendrar personas. Quienes deciden tener un hijo pueden hacerlo por muchas razones, pero entre ellas no puede estar el interés del posible hijo. Nunca se puede tener un hijo por el bien de ese hijo.

    David Benatar (2008). “Better Never to Have Been: The Harm of Coming Into Existence”, p.2, Oxford University Press