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Necesitamos la sabiduría de las mujeres, y la experiencia de los casados y de los padres, y la profundidad de los contemplativos si queremos formarnos como predicadores.
Necesitamos la sabiduría de las mujeres, y la experiencia de los casados y de los padres, y la profundidad de los contemplativos si queremos formarnos como predicadores.