-
Nuestros dones parecen tan pequeños en comparación con los de Dios. Pero nuestros esfuerzos cuentan, aunque como Simeón sólo extendamos los brazos con la paciencia de la fe para poder recibir el Santo Don. Aunque sólo esperemos, pobres y anhelantes en la oscuridad, con ferviente anhelo del anuncio, estamos preparados, y podemos ayudar a que llegue la plenitud de los tiempos.