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El mensaje sería que el objetivo de la vida no es comer y beber, ver la televisión, etcétera. Consumir no es el objetivo de la vida. Ganar todo el dinero que se pueda no es el verdadero objetivo de la vida. Hay una entidad superior, una divinidad, le divin como decimos en francés en la que merece la pena pensar, al igual que en nuestros sentimientos de plenitud, respeto y amor, si podemos. Una sociedad en la que estos sentimientos estuvieran generalizados sería más razonable que la sociedad en la que vive Occidente actualmente.