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Siempre he anhelado formar parte de la vida exterior, estar ahí fuera, en los límites de las cosas, dejar que la mancha humana se disuelva en el vacío y el silencio, igual que el zorro se despoja de su olor en la fría ajenidad del agua; volver al pueblo como un extraño. El vagabundeo despierta una gloria que se desvanece al llegar.