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La realidad es que los medios de comunicación son probablemente la más poderosa de todas nuestras instituciones hoy en día y ellos, o más bien nosotros [los periodistas], con demasiada frecuencia estamos despilfarrando nuestro poder e ignorando nuestras obligaciones. La consecuencia de nuestra abdicación de responsabilidad es el feo espectáculo de la cultura idiota.