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Como ministros, nuestra mayor tentación es el exceso de palabras. Debilitan nuestra fe y nos vuelven tibios. Pero el silencio es una disciplina sagrada, una guardia del Espíritu Santo.
Como ministros, nuestra mayor tentación es el exceso de palabras. Debilitan nuestra fe y nos vuelven tibios. Pero el silencio es una disciplina sagrada, una guardia del Espíritu Santo.