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Que nadie, por difíciles que sean las circunstancias, se considere excluido del camino de la santidad. Si no tenemos sino a Dios y la cruz de Cristo, tenemos los medios para llegar a ser completamente santos en nuestro andar y en nuestra conversación. ¿Qué calabozo hay que pueda apartarnos de esto? Sólo usemos fiel y verdaderamente el lugar y los medios presentes, tomándolos de la mano de Dios, y le encontraremos capaz de librarnos de todo lo que es realmente un obstáculo. Que cada uno desee ser santo en su propio lugar y vocación, en lugar de construir "castillos en el aire" de santidad futura.