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Mientras no sientas la serenidad en el cuerpo, en todas y cada una de las articulaciones, no hay posibilidad de emancipación. Estás esclavizado. Así que mientras sudas y te duele, deja que tu corazón sea ligero y que llene tu cuerpo de alegría. No sólo te estás liberando, sino que también estás siendo libre. ¿Por qué no alegrarse? El dolor es temporal. La libertad es permanente.