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Y así es como empezó. Sólo con un café y el intercambio de sus largas historias. El amor puede ser gradual. Los predicamentos, también. El café puede empezar una vida igual que puede empezar un día. Este fue el encuentro de dos personas que estaban destinadas a amarse desde antes de nacer, desde antes de tomar decisiones que complicarían sus vidas. Este amor rodó hacia mi madre como si estuviera al pie de una empinada colina. La madre no tuvo nada que ver, sólo el corazón.