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A los niños se les enseña a temer y obedecer; la avaricia, el orgullo o la timidez de los padres enseña a los niños economía, arrogancia o sumisión. También se les anima a ser imitadores, un camino al que ya están demasiado inclinados. Nadie piensa en hacerlos originales, valientes, independientes.