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Debería apoderarse de nosotros un orgullo sagrado de no contentarnos con lo mediocre, sino de esforzarnos (porque podemos hacerlo, si queremos) con el esfuerzo de todas nuestras fuerzas por alcanzar lo más alto. Despreciemos lo que es de esta tierra, ignoremos lo que es del cielo, dejemos atrás absolutamente todo lo mundano para apresurarnos a la morada fuera de este mundo, en la proximidad de la sublime deidad. No pensemos en retroceder. De contentarnos con el segundo rango, esforcémonos por alcanzar la dignidad y la gloria. Alcanzar lo más alto.