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El aborto legalizado es un holocausto nacional; una afrenta a nuestro carácter nacional; una contradicción de los principios establecidos suscritos desde el principio de la Civilización Occidental; un insulto a los principios de nuestra Declaración de Independencia; una plaga para nuestro espíritu nacional; y un hedor en las narices de Dios Todopoderoso.