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  • Las empresas no son familias. Son campos de batalla en una guerra civil. Sin embargo, a pesar de esta capacidad para la guerra intestina, la mayoría de las empresas funcionan de forma relativamente pacífica, año tras año, porque tienen rutinas -hábitos- que crean treguas que permiten a todo el mundo dejar a un lado sus rivalidades el tiempo suficiente para hacer un día de trabajo.

    Charles Duhigg (2012). “The Power of Habit: Why We Do What We Do, and How to Change”, p.162, Random House