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La vida de Jesús fue una tormenta de controversias. Los apóstoles, como los profetas antes que ellos, apenas podían pasar un día sin controversia. Pablo decía que debatía a diario en el mercado. Evitar la controversia es evitar a Cristo. Podemos tener paz, pero es una paz servil y carnal donde la verdad es asesinada en las calles.