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Como las palabras no son las cosas de las que hablamos, y la estructura es el único vínculo entre ellas, la estructura se convierte en el único contenido del conocimiento. Si apostamos por estructuras verbales que no tienen estructuras empíricas observables, tal apuesta nunca podrá darnos ninguna información estructural sobre el mundo. Por lo tanto, tales estructuras verbales son estructuralmente obsoletas, y si creemos en ellas, nos inducen delirios u otras perturbaciones semánticas.