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Si somos capaces de perdonar a todo el mundo, independientemente de lo que haya hecho, alimentamos el alma y permitimos que todo nuestro ser se sienta bien. Guardar rencor a alguien es como cargar con el diablo a cuestas. Es nuestra voluntad de perdonar y olvidar lo que arroja esa carga y trae luz a nuestros corazones, liberándonos de muchos malos sentimientos contra nuestros semejantes.