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Nuestras necesidades iguales y opuestas de soledad y comunidad constituyen una gran paradoja. Cuando se separan, estos dos estados del ser que dan vida degeneran en espectros mortales de sí mismos. La soledad separada de la comunidad ya no es una experiencia rica y plena de interioridad; ahora se convierte en soledad, en un terrible aislamiento. La comunidad separada de la soledad ya no es una red nutritiva de relaciones; ahora se convierte en una multitud, un zumbido alienante de demasiada gente y demasiado ruido.