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Apoyo a los de mi clase; y doy gracias a Dios por las tentaciones que me han hecho simpatizar con ellos, así como por el amor que me impulsa a esforzarme por su bien. Aclamo la gran hermandad de la prueba y la tentación en nombre de la humanidad, y les doy la seguridad de que del Hombre Divino, y de algunos, al menos, de Sus discípulos, les llega un torrente de simpatía que con gusto los arrastraría hasta la firme base de la roca de la seguridad.