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Si las cosas no existen como entidades fijas e independientes, ¿cómo pueden morir? Nuestra noción de la muerte como la súbita expiración de aquello que una vez fue tan real empieza a desvanecerse. Si las cosas no existen por sí mismas y son parpadeantes en lugar de estáticas, entonces ya no podemos temer su desaparición definitiva. Podemos temer su inestabilidad o su vacío, pero la amenaza inminente de la muerte empieza a parecer absurda. Las cosas mueren constantemente. O, más bien, están en constante flujo, surgiendo y desapareciendo en cada momento de conciencia.