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Nuestra democracia, nuestra cultura, toda nuestra forma de vida es un triunfo espectacular de la sosa. ¿Por qué no celebrar una convención política sin política para nombrar a un líder que no se enfrente a nadie? Tal vez nuestro descerebramiento nacional sea lo que impide que nos convirtamos en uno de esos malolientes países europeos llenos de pseudo-rojos y cripto-fascistas y verdes que se visten como duendes del bosque.