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El arte y la educación pueden refinar el gusto, pero no pueden purificar el corazón y regenerar al individuo. Sus palabras (las de Cristo) eran sencillas pero profundas. Y sacudían a la gente, provocando una feliz aceptación o una violenta refexión. La gente nunca volvió a ser la misma después de escucharle....La gente que le siguió fue única en su generación. Pusieron el mundo patas arriba porque sus corazones habían dado un vuelco. El mundo nunca volvió a ser el mismo.