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  • Ella le dejó llegar más lejos, sus labios se acercaron y surgieron, surgieron, suaves, oh suaves, y sin embargo siguieron, como la poderosa oleada del agua, irresistible, hasta que con un pequeño grito ciego, ella se separó.

    D. H. Lawrence, Mark Kinkead-Weekes (2002). “The Rainbow”, p.278, Cambridge University Press