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El 1% tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos y los mejores estilos de vida, pero hay algo que el dinero no parece haber comprado: la comprensión de que su destino está ligado a cómo vive el 99% restante. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1% más rico acaba aprendiendo. Demasiado tarde.