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Sólo la curiosidad por el destino de los demás, la capacidad de ponernos en su lugar y la voluntad de entrar en su mundo a través de la magia de la imaginación crean este choque de reconocimiento. Sin esta empatía no puede haber un verdadero diálogo, y nosotros, como individuos y naciones, permaneceremos aislados y ajenos, segregados y fragmentados.