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No te acomodes a ningún grado de tentación. Evita el pecado y evita tener que lidiar con su inevitable destrucción. Así que, ¡apágalo! ¡Mira hacia otro lado! Evítalo a toda costa. Dirige tus pensamientos por caminos sanos. Recuerda tus pactos y sé fiel en la asistencia al templo.