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Es lo real, y no el mapa, cuyos vestigios subsisten aquí y allá, en los desiertos que ya no son los del Imperio sino los nuestros: El desierto de lo real mismo.
Es lo real, y no el mapa, cuyos vestigios subsisten aquí y allá, en los desiertos que ya no son los del Imperio sino los nuestros: El desierto de lo real mismo.