-
La telaraña de la hipocresía de hoy pende de las fronteras de dos dominios, entre los cuales nuestro tiempo oscila de un lado a otro, atando sus finos hilos de engaño y autoengaño. Ya no lo bastante vigorosa para servir a la moral sin dudar ni debilitarse, aún no lo bastante temeraria para vivir enteramente para el egoísmo, tiembla ahora hacia lo uno y ahora hacia lo otro en la tela de araña de la hipocresía, y, lisiada por la maldición de la mediocridad, sólo atrapa moscas miserables y estúpidas.