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La mayoría de los críticos literarios coinciden en que la ficción no puede reducirse a mera falsedad. Los protagonistas bien elaborados cobran vida, la pornografía provoca orgasmos, y la pretensión de que la vida es lo que queremos que sea puede, concebiblemente, provocar la condición deseada. De ahí las parábolas religiosas, el realismo socialista, la propaganda nazi. Y si esta historia también se arrastra con sobrenaturalismo reaccionario, puede que sea porque su autor anhela ver las letras escabulléndose por los techos, comenzando cautelosamente a cosificarse en ángeles. Porque si ellos pudieran hacerlo, ¿por qué no nosotros?