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Nuestros derechos políticos y constitucionales, así llamados, no son más que los derechos naturales e inherentes del hombre, afirmados, llevados a cabo y asegurados por modos de artificio humano.
Nuestros derechos políticos y constitucionales, así llamados, no son más que los derechos naturales e inherentes del hombre, afirmados, llevados a cabo y asegurados por modos de artificio humano.