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Toda droga eficaz provoca en el cuerpo humano una especie de enfermedad propia, y cuanto más fuerte es la droga, más característica y más marcada y violenta es la enfermedad. Deberíamos imitar a la naturaleza, que a veces cura una aflicción crónica con otra enfermedad sobrevenida, y prescribir para la enfermedad que deseamos curar, especialmente si es crónica, un medicamento con poder para provocar otra enfermedad artificial, tan parecida como sea posible, y la enfermedad anterior se curará: combatir lo semejante con lo semejante.