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Cuando, en adoración, miramos la Hostia consagrada, nos habla el signo de la creación. Así, nos encontramos con la grandeza de su don; pero también con la Pasión, la Cruz de Jesús y su Resurrección. A través de esta mirada de adoración, Él nos atrae hacia sí, dentro de su misterio, mediante el cual quiere transformarnos como transformó la Hostia.