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Aprendí pronto que la riqueza de la vida se encuentra en la aventura. La aventura pone en juego todas las facultades de la mente y el espíritu. Desarrolla la confianza en uno mismo y la independencia. Entonces la vida rebosa de emoción. Pero el hombre no está preparado para la aventura a menos que se libere del miedo. Porque el miedo lo confina y limita su alcance. Permanece atado por las cuerdas de la duda y la indecisión y sólo tiene un mundo pequeño y estrecho que explorar.