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  • Y entonces bailó: todos los extranjeros superan a los ángeles serios en la elocuencia de la pantomima; bailó, digo, muy bien, con énfasis y, además, con buen sentido —algo indispensable en el paso—: bailó sin pretensiones teatrales, no como un maestro de ballet al frente de sus ninfas entrenadas, sino como un caballero.