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Porque, a diferencia de la valentía y la sabiduría, que hacían a nuestro Estado valiente y sabio al estar presentes en una parte particular de él, la disciplina opera al estar difundida por todo él. Produce una concordia entre sus elementos más fuertes y los más débiles y medios, ya sea que los definas por el estándar del buen sentido, o de la fuerza, o del número o del dinero o similares. Y por lo tanto estamos bastante justificados al considerar la disciplina como esta especie de armonía natural y acuerdo entre lo superior y lo inferior sobre cuál de ellos debe gobernar en el estado y en el individuo.