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Cuando hablé en las ceremonias de la vía marítima de San Lorenzo en 1969, tomé prestadas algunas palabras del monumento que había dedicado allí junto con la Reina Isabel tan sólo 10 años antes. Ese monumento, como reza su inscripción, "da testimonio del propósito común de dos naciones cuyas fronteras son las fronteras de la amistad, cuyos caminos son los caminos de la libertad, cuyas obras son las obras de la paz".