-
Hacer que el tiempo sea menos valioso. Somos demasiado eficientes, aprovechamos cada hora, cada minuto. Cuando eras niño, ¿no te pasabas horas clavando palos en el barro, subiéndote a los árboles y sentándote en ellos, mirando las conchas y las algas que aparecían en la orilla? El tiempo no era precioso entonces, no intentábamos meter un logro en cada minuto de cada día, teníamos tiempo para los pensamientos y los sentimientos. Eso era bueno.