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  • Ningún placer terrenal, ningún reino de este mundo puede beneficiarme en modo alguno. Prefiero la muerte en Cristo Jesús al poder sobre los límites más lejanos de la tierra. Aquel que murió en lugar de nosotros es el único objeto de mi búsqueda. El que resucitó por nosotros es mi único deseo. No hables de Jesucristo mientras ames este mundo.