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He exhortado a la mujer a la independencia del hombre, no porque no crea que los sexos se necesitan mutuamente, sino porque en la mujer este hecho ha conducido a una devoción excesiva, que ha enfriado el amor, degradado el matrimonio e impedido que su sexo sea lo que debe ser para sí mismo o para el otro. Deseo que la mujer viva, primero por Dios. Entonces no tomará lo que no le conviene por un sentimiento de debilidad y pobreza. Entonces, si encuentra lo que necesita en el hombre encarnado, sabrá amar y ser digna de ser amada.