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El dolor y el sufrimiento son malos en sí mismos y deben evitarse o reducirse al mínimo, independientemente de la raza, el sexo o la especie del ser que sufre. La gravedad de un dolor depende de su intensidad y de su duración, pero un dolor de la misma intensidad y duración es igualmente malo, tanto si lo siente un ser humano como un animal.