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La no violencia podrá florecer verdaderamente cuando el mundo esté libre de pobreza, hambre, discriminación, exclusión, intolerancia y odio, cuando las mujeres y los hombres puedan desarrollar su máximo potencial y vivir una vida segura y plena. Hasta entonces, todos y cada uno de nosotros tendremos que contribuir -colectiva e individualmente- a construir la paz mediante la no violencia.