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Cuando la política y la religión se entremezclan, un pueblo se impregna de un sentimiento de invulnerabilidad y, al acelerar su marcha, no ve el precipicio que se abre ante él.
Cuando la política y la religión se entremezclan, un pueblo se impregna de un sentimiento de invulnerabilidad y, al acelerar su marcha, no ve el precipicio que se abre ante él.