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El deseo, cuando surge del corazón y del espíritu, cuando es puro e intenso, posee una energía electromagnética impresionante. Esta energía se libera en el éter cada noche, cuando la mente cae en el estado de sueño. Cada mañana vuelve al estado consciente reforzada con las corrientes cósmicas. Aquello que ha sido imaginado se manifestará con seguridad y certeza. Puedes confiar, joven, en esta promesa eterna con la misma seguridad con la que puedes confiar en la promesa eternamente ininterrumpida del amanecer... y de la primavera.