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Nunca antes una democracia populista había alcanzado la supremacía internacional. Pero la búsqueda del poder no es un objetivo que suscite la pasión popular, excepto en condiciones de amenaza o desafío súbito al sentido de bienestar nacional del público. La abnegación económica (es decir, el gasto en defensa) y el sacrificio humano (bajas, incluso entre los soldados profesionales) que exige el esfuerzo son incompatibles con los instintos democráticos. La democracia es contraria a la movilización imperial.