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Cuando un bailarín sube al escenario, no es sólo una pizarra en blanco sobre la que ha escrito el coreógrafo. Detrás tiene todas las decisiones que ha tomado en la vida. Cada vez ha elegido, y en lo que es sobre el escenario se ve el resultado de esas elecciones. Los bailarines excepcionales, según mi experiencia, son también personas excepcionales, personas con una actitud ante la vida, una especie de búsqueda y una cualidad interna. Saben quiénes son y te lo muestran de buen grado.