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No necesitamos refugiarnos en dioses sobrenaturales para explicar nuestros santos y sabios y héroes y estadistas, como para explicar nuestra incredulidad de que meros seres humanos sin ayuda puedan ser tan buenos o sabios.
No necesitamos refugiarnos en dioses sobrenaturales para explicar nuestros santos y sabios y héroes y estadistas, como para explicar nuestra incredulidad de que meros seres humanos sin ayuda puedan ser tan buenos o sabios.