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La primera máxima de un hombre que ama la libertad debería ser no conceder nunca a los gobernantes un átomo de poder que no sea clara e indispensablemente necesario para la seguridad y el bienestar de la sociedad.
La primera máxima de un hombre que ama la libertad debería ser no conceder nunca a los gobernantes un átomo de poder que no sea clara e indispensablemente necesario para la seguridad y el bienestar de la sociedad.