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La única idea que el hombre puede atribuir al nombre de Dios es la de una causa primera, la causa de todas las cosas. Y, por incomprensiblemente difícil que sea para un hombre concebir lo que es una causa primera, llega a creerla por la dificultad diez veces mayor de no creerla. Es difícil más allá de toda descripción concebir que el espacio no pueda tener fin; pero es más difícil concebir un fin. Es difícil más allá del poder del hombre concebir una duración eterna de lo que llamamos tiempo; pero es más imposible concebir un tiempo en el que no habrá tiempo.