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Con los años, uno llega a medir un lugar, también, no sólo por la belleza que puede dar, la suavidad de sus brisas, la despreocupación y la relajación que fomenta, los sublimes placeres que ofrece, sino por lo que enseña. La forma en que altera nuestra percepción de lo humano. No es tanto que quieras volver a lugares indiferentes o difíciles, sino que quieres no olvidar.